La mayoría de equipos tienen una forma de jugar (y pueden) de acuerdo a sus posibilidades. Están quienes solucionan esa falta de identidad con las individualidades, pero no siempre se obtienen resultados favorables.
En el fútbol vale todo lo que esté dentro de la legalidad para ganar. Está permitido encerrarse en el área todo el partido y ganarlo tras un saque de esquina en el último suspiro del encuentro. El amante de este deporte -en su mayoría- rechaza esa forma, pero al fin y al cabo, el entrenador es el que impone su manera de jugar y es imposible no notarlo. Los jugadores son los que se deben adecuar a ese estilo y plasmarlo a la perfección en el campo. Esto acostumbra a la afición, con el tiempo y éxitos (los títulos no lo son todo para equipos de menor jerarquía), a una forma y la reclama cada vez que acude al estadio. De ahí vienen los silbidos cuando el conjunto pierde sin la identidad que lo caracteriza.
Triangular y combinar: la mejor forma de enamorar al público. Pero existe también el contraataque, y hay que tener armas y saber hacerlo. El experto en esto es el Madrid. ¿Acaso nadie recuerda el primer gol de Cristiano en el Allianz Arena cuando el Bayern cayó estrepitosamente 0-4? Robo en campo propio, balón para Benzema, quien ve la corrida de Bale y se la deja. El galés se la lleva desde la media cancha hasta la frontal del área para asistir al portugués y así batir a Neuer. Una paliza al entonces campeón de Europa y una oda al juego directo. Muchos catalogaron ese tanto como 'el mejor contraataque del mundo'. Razones tenían, estaban en lo cierto. El arte de contraatacar se ha insertado en la cultura de juego de cualquier equipo, sin importar las cualidades de los mismos. No es que no se gana si no se sabe contragolpear, pero es la mejor forma de agarrar mal parado al rival.
La magia del tiki taka es un sello en varios equipos. Los que mejor lo maneja son el Arsenal y, en ocasiones, el Barcelona. El Madrid despliega un fútbol exquisito cuando juegan sus estrellas. La mejor prueba de ello la encontramos en la primera fase de la temporada, cuando los blancos destrozaron a los azulgranas en el Bernabéu, donde los de Luis Enrique se pudieron llevar a casa un resultado más abultado (3-1). El Chelsea de Mourinho también fulminó a sus rivales con un fútbol llamativo en la primera rueda de la Premier League. Con Fábregas como conductor del juego, los 'blues' su hicieron fuertes candidatos a conseguir la presente edición de la Champions League, pero con el paso de los meses y falta de rotaciones su nivel bajó considerablemente.
Hay gustos y opiniones. A unos no les importa la manera de jugar, solo el resultado. Otros consideran importante ganar respetando un estilo de juego. Existen casos (milagros) de equipos que ganaron títulos sin una idea clara de juego, como el Chelsea que se llevó la Champions de la temporada 11/12 con Roberto di Matteo de entrenador y un Drogba impresionante, eliminando al Barcelona y derrotando al Bayern en la final. Nadie sabe cómo lo logró. La fórmula tampoco duró mucho que digamos. Por eso, es fundamental tener una identidad para jugar.
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