viernes, 3 de julio de 2015

Messi y el trono en el Olimpo del fútbol.


Es el debate mundial, interminable tal vez. Pelé o Maradona… y ahora Messi entra en la pregunta: ¿Quién es el mejor jugador en la historia del fútbol?

Comparar es un inocente juego periodístico, pero es parte de la discusión y del debate inevitable que se da cuando se habla de estos tres monstruos del fútbol.

Unos dicen que Leo está a años luz de ellos (hay que dejar de preguntarle a los enfermos hinchas de Boca por Messi, porque su fanatismo hacia Maradona es insuperable), otros llegan hasta la comparación, pero no se decantan por él. Quizá porque “no ha ganado un mundial.” Claro, es que los mejores jugadores de la historia han ganado un mundial, sin excepción: Cruyff, por ejemplo, ¡cuántos campeonatos tiene!

El Barcelona es un equipo de estrellas y nadie lo duda. Leo ha ganado todo lo que un jugador de equipo puede aspirar en torno a los Xavi, Iniesta, Busquets, Neymar, Suárez, Alves, Rakitic, Alba, Villa, Puyol…; sin embargo, él es el mejor –y lo seguirá siendo– entre los mejores. ¿Eso qué merito tiene? En esta época, no hay quien discuta su reinado. No lo comparemos con Cristiano Ronaldo por favor, no hay color. Por más que el portugués haya ganado tres ediciones del Balón de Oro, las sensaciones que dejan no son las mismas que cuando el argentino se lleva el galardón. Ahora Messi va por el quinto, y no lo duden, que lo ganará el próximo año.

Por el lado de Maradona, corre a su favor que se echó al hombro todos los equipos en donde jugó, el Napoli es la mejor muestra de ello: fichó por un conjunto plagado de futbolistas comunes y lo llevó a ganar sus primeros títulos en su historia. Ojo, el Napoli no destronó a la Juventus como el mejor equipo de Italia; Maradona sí que destronó a Platini como el mejor del mundo.
No ganó Balones de Oro, porque en esos tiempos, injustos, el premio se lo llevaba un jugador europeo. Maradona pudo llevárselo unas cinco veces fácilmente.

Al igual que Pelé, que se pudo llevar unos seis o siete en su época. Ese Santos no tenía rival alguno. Obvio, si juegas cuarenta partidos amistosos (contra equipos incompetentes) en cien días y en Nigeria… rival no vas a encontrar. Se dice que ese Santos de Pelé era arrollador, que nadie le pisaba los talones. El único mérito que se le ve a ese equipo es el 5-2 al Benfica de Eusebio, en un auténtico partidazo, porque ganarle 3-2 ajustadamente a Boca –con los cracks que dicen que tenían– habla de un equipo común. ¡Lo que en realidad alzaba a ese conjunto eran las giras que se hacían por el mundo para así ganar dinero y mantener a esos jugadores! Pero ganó tres mundiales frente a Di Stéfano y Eusebio… grandes jugadores cuyas selecciones no acompañaban sus categorías individuales.

Leo comenzó en el Barcelona jugando de extremo, pero Guardiola se dio cuenta de que estar arrinconado lo minimizaba y es ahí donde lo explota colocándolo al medio. No como un delantero centro; Pep inventó la posición del falso ‘9’. Messi no es un definidor, pero debía acompañar las jugadas, y, poco a poco, se fue acostumbrando hasta rematarlas él. Y empezó la historia… “D10S”, “Increíble Messi”, “De otro planeta” titulaban las portadas de los diarios deportivos tras cada actuación del argentino; con Maradona ocurrió lo mismo, solo que en Italia, porque en Barcelona no dejó huella por culpa de una escalofriante lesión. “El Pibe de Oro” jugó de mediocampista, ese es el error que comete la gente: confundir y pensar en que Leo y Diego jugaron en la misma posición. No señores, no por favor. Incluso Pelé fue delantero centro toda la vida con su gran socio Coutinho. Él no bajaba hasta el medio campo para armar una jugada, porque con la visión de Mengalvio y las jugadas de Pepe por izquierda se avanzaba mucho. Pelé ponía su sazón al borde del área, cuando la adrenalina ya corría por el cuerpo de los rivales y aprovechaba su miedo para jugar con él; ahora Leo, gracias a su madurez como futbolista, asume el rol de armador (de lujo para cualquier equipo) y regala unas asistencias que nos hace pensar que tiene vista de halcón. Voy a ponerlo simple: Maradona era armador y definidor en muchas ocasiones; Pelé era un definidor único; Messi es la mezcla perfecta de ellos dos: armador y definidor.

Ahora, pasémonos al tema de los títulos, no individuales, sino colectivos. Pelé lo ganó todo a nivel de club y selección. Ahí están los números. Lo que uno no se pregunta, y debería preguntarse, es: “¿contra qué equipos logró todos estos trofeos? La respuesta es simple: la exitosa camada de jugadores de aquella época era puramente brasileña. Individualidades que se entendían a la perfección y que no se encomendaban a Pelé para conseguir sus objetivos. Maradona ganó el mundial con un equipo –notablemente inferior, por cierto– pero que tampoco le dejaba todo el peso de la responsabilidad. Diego se puso el equipo al hombro, mas no ganó solo. En el Napoli ocurrió lo mismo: quedaron octavos en el Calcio en su primera temporada y en la segunda ficharon a Careca, un delantero para ‘facilitar’ las cosas.

Messi ha ganado todo en el Barcelona, porque, a pesar de estar rodeado de futbolistas de élite, se trabaja en equipo. Eso es lo que le falta a su selección. Selección que, en cuanto a individualidades, es mejor que la del 86’, pero en equipo es peor que cualquiera. Encima le reclaman porque perdió la final contra Alemania, nada más y nada menos que la arrolladora Alemania.


Es verdad, Leo todavía tiene 28 años y no termina su carrera. Está atravesando su momento más dulce como futbolista y eso se nota en la cancha. Tiene una final mañana, contra Chile, por Copa América y sería el primer título que logra con la selección mayor. El próximo mundial es en Rusia, en tres años. Veremos si puede conseguirlo, pero ya hizo muchas cosas como para calificarlo como el mejor de la historia.