Es el debate mundial, interminable tal vez. Pelé o Maradona…
y ahora Messi entra en la pregunta: ¿Quién es el mejor jugador en la historia
del fútbol?
Comparar es un inocente juego periodístico, pero es parte de
la discusión y del debate inevitable que se da cuando se habla de estos tres
monstruos del fútbol.
Unos dicen que Leo está a años luz de ellos (hay que dejar
de preguntarle a los enfermos hinchas de Boca por Messi, porque su fanatismo
hacia Maradona es insuperable), otros llegan hasta la comparación, pero no se
decantan por él. Quizá porque “no ha ganado un mundial.” Claro, es que los
mejores jugadores de la historia han ganado un mundial, sin excepción: Cruyff,
por ejemplo, ¡cuántos campeonatos tiene!
El Barcelona es un equipo de estrellas y nadie lo duda. Leo
ha ganado todo lo que un jugador de equipo puede aspirar en torno a los Xavi,
Iniesta, Busquets, Neymar, Suárez, Alves, Rakitic, Alba, Villa, Puyol…; sin
embargo, él es el mejor –y lo seguirá siendo– entre los mejores. ¿Eso qué
merito tiene? En esta época, no hay quien discuta su reinado. No lo comparemos
con Cristiano Ronaldo por favor, no hay color. Por más que el portugués haya
ganado tres ediciones del Balón de Oro, las sensaciones que dejan no son las
mismas que cuando el argentino se lleva el galardón. Ahora Messi va por el
quinto, y no lo duden, que lo ganará el próximo año.
Por el lado de Maradona, corre a su favor que se echó al
hombro todos los equipos en donde jugó, el Napoli es la mejor muestra de ello:
fichó por un conjunto plagado de futbolistas comunes y lo llevó a ganar sus
primeros títulos en su historia. Ojo, el Napoli no destronó a la Juventus como
el mejor equipo de Italia; Maradona sí que destronó a Platini como el mejor del
mundo.
No ganó Balones de Oro, porque en esos tiempos, injustos, el premio se lo llevaba un jugador europeo. Maradona pudo llevárselo unas cinco veces fácilmente.
No ganó Balones de Oro, porque en esos tiempos, injustos, el premio se lo llevaba un jugador europeo. Maradona pudo llevárselo unas cinco veces fácilmente.
Al igual que Pelé, que se pudo llevar unos seis o siete en
su época. Ese Santos no tenía rival alguno. Obvio, si juegas cuarenta partidos
amistosos (contra equipos incompetentes) en cien días y en Nigeria… rival no
vas a encontrar. Se dice que ese Santos de Pelé era arrollador, que nadie le
pisaba los talones. El único mérito que se le ve a ese equipo es el 5-2 al
Benfica de Eusebio, en un auténtico partidazo, porque ganarle 3-2 ajustadamente
a Boca –con los cracks que dicen que tenían– habla de un equipo común. ¡Lo que
en realidad alzaba a ese conjunto eran las giras que se hacían por el mundo
para así ganar dinero y mantener a esos jugadores! Pero ganó tres mundiales frente a Di Stéfano y Eusebio… grandes jugadores cuyas
selecciones no acompañaban sus categorías individuales.
Leo comenzó en el Barcelona jugando de extremo, pero
Guardiola se dio cuenta de que estar arrinconado lo minimizaba y es ahí donde
lo explota colocándolo al medio. No como un delantero centro; Pep inventó la
posición del falso ‘9’. Messi no es un definidor, pero debía acompañar las
jugadas, y, poco a poco, se fue acostumbrando hasta rematarlas él. Y empezó la
historia… “D10S”, “Increíble Messi”, “De otro planeta” titulaban las portadas
de los diarios deportivos tras cada actuación del argentino; con Maradona
ocurrió lo mismo, solo que en Italia, porque en Barcelona no dejó huella por
culpa de una escalofriante lesión. “El Pibe de Oro” jugó de mediocampista, ese
es el error que comete la gente: confundir y pensar en que Leo y Diego jugaron
en la misma posición. No señores, no por favor. Incluso Pelé fue delantero
centro toda la vida con su gran socio Coutinho. Él no bajaba hasta el medio
campo para armar una jugada, porque con la visión de Mengalvio y las jugadas de
Pepe por izquierda se avanzaba mucho. Pelé ponía su sazón al borde del área,
cuando la adrenalina ya corría por el cuerpo de los rivales y aprovechaba su
miedo para jugar con él; ahora Leo, gracias a su madurez como futbolista, asume
el rol de armador (de lujo para cualquier equipo) y regala unas asistencias que
nos hace pensar que tiene vista de halcón. Voy a ponerlo simple: Maradona era
armador y definidor en muchas ocasiones; Pelé era un definidor único; Messi es
la mezcla perfecta de ellos dos: armador y definidor.
Ahora, pasémonos al tema de los títulos, no individuales,
sino colectivos. Pelé lo ganó todo a nivel de club y selección. Ahí están los
números. Lo que uno no se pregunta, y debería preguntarse, es: “¿contra qué
equipos logró todos estos trofeos? La respuesta es simple: la exitosa camada de
jugadores de aquella época era puramente brasileña. Individualidades que se
entendían a la perfección y que no se encomendaban a Pelé para conseguir sus
objetivos. Maradona ganó el mundial con un equipo –notablemente inferior, por
cierto– pero que tampoco le dejaba todo el peso de la responsabilidad. Diego se
puso el equipo al hombro, mas no ganó solo. En el Napoli ocurrió lo mismo:
quedaron octavos en el Calcio en su primera temporada y en la segunda ficharon
a Careca, un delantero para ‘facilitar’ las cosas.
Messi ha ganado todo en el Barcelona, porque, a pesar de
estar rodeado de futbolistas de élite, se trabaja en equipo. Eso es lo que le
falta a su selección. Selección que, en cuanto a individualidades, es mejor que
la del 86’, pero en equipo es peor que cualquiera. Encima le reclaman porque
perdió la final contra Alemania, nada más y nada menos que la arrolladora
Alemania.
Es verdad, Leo todavía tiene 28 años y no termina su
carrera. Está atravesando su momento más dulce como futbolista y eso se nota en
la cancha. Tiene una final mañana, contra Chile, por Copa América y sería el
primer título que logra con la selección mayor. El próximo mundial es en Rusia,
en tres años. Veremos si puede conseguirlo, pero ya hizo muchas cosas como para
calificarlo como el mejor de la historia.